Un retiro breve solo es fecundo cuando se vuelve umbral: un paso desde el ruido hacia una escucha más honda que reorganiza el interior y reenciende la fraternidad. La alta participación no es un dato logístico, es la señal de una sed compartida; la mañana condensada en silencio, palabra, Eucaristía y mesa común revela que, cuando la comunidad se detiene, Dios encuentra por fin sitio. Casal La Verna ofrece el marco, pero el núcleo es otro: una decisión humilde —“aquí estoy”— que devuelve a cada persona a su centro y a los demás a la categoría de hermanos.
Retiro matinal en Casal La Verna con la comunidad Laurel
Paz y Bien. El sábado 31 de enero la comunidad Laurel se recogió en Casal La Verna para regalarse una mañana entera al cuidado del corazón. La respuesta fue amplia y cálida, de esas que se notan ya en la puerta: rostros expectantes, pasos más lentos, el deseo sencillo de dejarse conducir. Bajo el hilo conductor de este año franciscano —“Francisco, ¿quién eres?”—, Fray Eduard, Enric Gómez y Antònia Juvanteny trazaron un itinerario sobrio y claro que ayudó a entrar por dentro sin prisa y sin ruido.
El ritmo de la mañana fue una pedagogía de la calma. Primero, la exposición que abre preguntas y no las cierra en seguida; después, el silencio personal donde las palabras se decantan y encuentran su lugar; finalmente, la oración compartida que teje lo de cada uno con lo de todos. La Eucaristía coronó el trayecto con la sencillez de siempre: pan partido, gratitud, envío. A mediodía, la mesa compartida prolongó la liturgia en conversación serena y afecto fraterno; cada plato traído de casa se volvió gesto de hospitalidad y memoria de lo vivido.
La Verna, una vez más, hizo lo que sabe hacer: ofrecer un espacio sobrio, luminoso y amable para que la Palabra se escuche mejor. No hay artificio, hay cuidado. Y cuando el lugar cuida, la comunidad florece. Las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor acompañamos este proceso discretamente, con la convicción Tousiana de que la gracia trabaja mejor cuando no estorbamos: silencio que reconcilia, mirada que alienta, presencia que sostiene.
Queda lo esencial: que lo sembrado no se pierda al salir. Tal vez se concrete en un tiempo diario de oración, en una conversación que estaba pendiente, en una manera distinta de mirar el propio trabajo. Los frutos de un retiro no suelen ser estridentes; se reconocen por la paz que dejan y por la fidelidad que inauguran. Por eso damos gracias por cada persona que participó y por quienes lo hicieron posible; y pedimos que esta mañana sea el principio de una continuidad mansa en la vida ordinaria.
Seguiremos abriendo la casa para encuentros breves y hondos. Casal La Verna no promete soluciones mágicas; ofrece un clima donde la presencia de Dios se vuelve respirable y la fraternidad se hace concreta. Si te sientes llamado a un alto en el camino, aquí tienes una puerta abierta y una mesa dispuesta.










